Luna de miel: Polinesia francesa con los yates Tua y Tia Moana

Los cruceros son una opción muy solicitada por los novios para su luna de miel, sin embargo, esta vez no hablaremos de un crucero convencional, sino el que se puede hacer por la Polinesia francesa con los yates Tua y Tia Moana. La sofisticación sube a bordo para rodearse de salones con antigüedades de Oriente, […]

Los cruceros son una opción muy solicitada por los novios para su luna de miel, sin embargo, esta vez no hablaremos de un crucero convencional, sino el que se puede hacer por la Polinesia francesa con los yates Tua y Tia Moana.

borabora

La sofisticación sube a bordo para rodearse de salones con antigüedades de Oriente, diseños de Kenzo y Philippe Starck y paradas en tres paraisos: Bora Bora, Raiatea, Taha’a o Huahine.

tuana

Pero el destino y una excelente decoración no son lo único que hacen especiales a estos yates, sino algunas comodidades como el hecho de renunciar a vestir de etiqueta -tan típico en los cruceros- y la posibilidad de caminar descalzos de cubierta en cubierta sobre la madera de teca que cubre todo el suelo. Todo ello, para disfrutar de un espacio compartido, a lo sumo, por una cincuentena de personas.

polinesia

La magia que envuelve estas islas permite disfrutar de la belleza de observarlas desde el mar. Para ello, al atardecer se puede disfrutar de maravillosos cócteles tropicales en la zona de popa. Esto puede hacerse después de haber disfrutado de un rato de buceo en los encantadores arrecifes o de la excursión en grupo. Si todo esto no te complace, quizás te guste más la opción de tomar el sol en el jacuzzi panorámico o en las hamacas de cuero mientras el yate bordea la costa a escasos metros.

La duración del viaje es de una semana, permitiendo a cada huésped disfrutar de lo mejor de este rincón del planeta. Las opciones son infinitas y la filosofía es que cada huésped haga lo que le apetezca en cada momento. Desde disfrutar de una clase de tai chi en la cubierta, pasear por arenales con un bar siempre disponible, dejar que te preparen una cena en la playa iluminada con antorchas o preparar una barbacoa en un motu o islote desierto alquilado sólo para los pasajeros. Para acabar, nada mejor que la proyección de la película Tabú -rodada en los años treinta en esta zona- en una pantalla atada a dos palmeras.

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