Identificar los terrores nocturnos

Si tu hijo no te está dejando dormir, y te despierta a menudo llorando o llamándote, o sencillamente no quiere irse a la cama, quizás esté pasando por un periodo de terrores nocturnos, que suele darse entre los niños de 4 a 12 años, pero no se da en todos los niños. Los terrores nocturnos no son lo mismo que las pesadillas, su principal diferencia es la fase del sueño en la que se produce.

Una de las características de los terrores nocturnos es que a pesar de que el niño/niña (según estadísticas es más frecuente en niños) puede incorporarse de la cama, llorar o gritar, resulta muy difícil despertarle, y por suerte a la mañana siguiente no recordará nada. Durante este periodo se experimenta una intensa ansiedad con gran activación autonómica.

Se dan en la primera mitad de la noche y desaparecen a medida que el niño se hace mayor, por lo normal no precisan tratamiento farmacológico.

Los factores que pueden desencadenar estos episodios son la tensión emocional, la fatiga, hechos traumáticos recientes como hospitalizaciones, separación de la madre, muerte ser querido… considera también la posibilidad de que existan problemas en la escuela. Algunos autores también hablan de factores hereditarios, ya que el 96% de los sujetos de un estudio con terrores nocturnos tenían familiares en primer, segundo o tercer grado que habían tenido este mismo trastorno.

Mientras tu niño esté en un episodio de terror nocturno, hay que vigilarlo para que no se caiga de la cama o sufra cualquier daño físico, y no hablarle, ni despertarle.

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